¿Que niña de esta ciudad no ha tenido que lidiar con los piropos de los hombres en la calle? Seamos sinceras, grandes, chiquitas, flaquitas, gorditas, lindas, mamacitas, feas o feítas, todas nos hemos ganado un piropazo en varias ocasiones.
Cuando acababa de volver a estas criollas tierras, me incomodaban mucho. “Uy qué vulgaridad, qué mamera esos manes siempre sobando la vida!!!!!!” Me ponía roja, se me cambiaba el caminado porque me los imaginaba cuando pasaba frente a ellos y la típica, me tropezaba ridículamente…
Así que decidí cambiar de actitud. No es que me haya acostumbrado pero me acordé de una guía turística que había leído alguna vez que estuve en Cuba y en la que decían que las cubanas, cuando recibían ese tipo de insinuaciones, seguían muy dignas su camino, sin “enojarse” ni sonrojarse y que como turista, uno debía intentar seguir el mismo ejemplo.
Bueno… se aplicó el consejo, intentando tomarlo muy a la ligera. Y medio lo logré. ¿Saben porqué lo sé? Por que antes, todas las mañanas, cuando pasaba al frente de los obreros de la construcción del lado de mi casa, me pasaba lo que ya les conté… Ahora no, ahora intento pasar dignamente, haciéndome la que está pensando en otra cosa, como si esa vaina me resbalara. Claro, es pura pretensión porque siempre oigo lo que me dicen: “CSCSCSCSCSCSCSC, mami, mamacita, hola miammmor, princesa, monita, como estás…” y todos los otros de “si cocina como camina… están cayendo angelitos…uy qué ojazos…”
Pero el peor fue el que me soltaron el otro día, me sentí como el ser más malo del mundo y al mismo tiempo me indignó horrible… El tipo en cuestión empezó su retaíla insoportable y yo le pasé al lado como si nada cuando me dice “ni una mirada, ni un que más, es que al pobre y al feo todo se les va en deseo…”. No sabía si reírme, botarle encima el juguito que me estaba tomando, decirle “¿hola que más?” o decirle “usté que piensa señor, no es porque usted sea pobre, de pronto si es porque es super feo, pero en todo caso uno no se la pasa diciéndole que más a todo el que se va cruzando por la calle o aceptándole invitaciones a cualquier pendejo, ¡que se vino a creer, usté!”
Pero no… opté por seguir caminando, ni me reí, ni le eché el juguito, ni lo insulté y mucho menos le dije hola. Y les confieso que esta es la hora en que aún me arrepiento de no haber dicho nada. Eso si, sigo sin entender a cuento de qué vienen esos piropos… ¿será que a veces alguna les dice “hola que más”?



Aaaaa!!
Jajajajaja seria muy turro!!
Jajaja esos obreros de la construccion de al lado son un cage de risa