Desde hace algunos días, en Bogotá llueve mucho… Otra vez hemos tenido que sacar sombrillas, botas y chaqueticas calientes porque se nos vino el invierno, como siempre (según me dicen, porque yo hasta ahora estoy entendiendo las “estaciones criollas”) durante estos meses.
La mayoría de la gente se queja, “ay, con esa lluvia, que pereza, no le dan a uno ganas de nada” dicen tomándose un tinto… otra gente acepta resignada, salir al torrente protegida por una sombrillita de $10.000 comprada en la calle y que se voltea ridículamente al primer ventarrón. Hay chicas, que a pesar del frío siguen portando unas mini chaquetas bien pegadas al cuerpo que son la moda eterna en esta ciudad, con una mini camiseta por debajo, unos zapatos como los de Mafalda pero con taconcito (que también están de moda), sin bufanda, sin medias, ni nada. No se como hacen… Yo les veo esos labios morrrrados, pero ellas, como si nada. Esas mismas niñas, y otras, que aunque no parecen tan vanidosas si lo son, corren porque “¡ay! se me encrespa el pelo!” y porque seguramente se sienten “de quinta” todas mojadas y pegachentas con el agua sobre el jean.
En fin, poca gente conozco que disfrute de la lluvia en Bogotá, pero yo tengo que confesar que a mi me fascina. He descubierto que me produce tranquilidad y hasta felicidad. No he conocido otra ciudad en la que la lluvia me produzca eso. No sé si es porque en otras ciudades, la lluvia es sinónimo de 2 grados bajo cero, huesos congelados y nariz roja… Aquí, hace un frío que amerita “una buena muda”, como dicen las mamás, pero uno puede caminar tranquilamente sintiendo las goticas medio frías tocarle la cara, sin estresarse.
Me encanta ver el agua pegándole a las ventanas y desde mi oficina, ver como el tráfico se despelota apaciblemente sobre la carrera 30. Porque se arma un despelote de los mil demonios, pero al mismo tiempo la gente conduce despacio, los buses hacen menos ruido (¿será mi imaginación?), pareciera que se limpiara el esmog, las calles, las montañas… Monserrate se ve divino flotando sobre sus 3000 metros enmarcado por una nube gris oscura a las 6 de la tarde…
Antes, cuando venía únicamente de vacaciones, mi mamá siempre me decía que le encantaba ese Bogotá de las 6 de la tarde. A mí la verdad me producía como angustia porque lo veía salvaje y caótico. Ahora, entiendo ese sentimiento de mi madre adorada, pero al Bogotá de las 6 de la tarde, le agrego el “bajo la lluvia”… y mirando los cerros…



Las seis de la tarde y la lluvia son las horas de la nostalgia, del saudage,palabra que no existe en español pero que significa, ese profundo sentimiento frente a la vida y la existencia que cada quien tiene.
Me encanta Bogotá y más me gustan tus crónicas, las disfruto y también las lloro con lágrimas de alegría…
Mamita
Tus crónicas son geniales, estamos esperando la próxima
increible redacción y pasión por tus temas….espero leer mucho mas , cuidate
Demoré en responderles, pero muchas gracias por las flores…
Un abrazo y espero que a pesar de mi inconsistencia en los tiempos de escritura, me sigan visitando.
Hola Majita, nunca imagine que plasmaras tus ideas de una manera genial, me ha gustado mucho.